temporal en el paralelo 34ºN


Al amanecer nos quedamos extasiados de la belleza que nos rodea. El cielo tiene claros y nubes que se desplazan a toda velocidad, iluminando con diferentes colores el caos de enormes olas que nos rodea. El océano es de color azul oscuro, lleno de crestas y espumas blancas, rugiendo de una forma que estremece. Hablamos poco y miramos absortos el mar. Así pasa el día. El viento alcanza puntas de 52 nudos y el Larete llega a navegar a 17 nudos de velocidad. Casi todos los objetos que pueden volar bajo cubierta, vuelan. Vuela la tetera, los cepillos de dientes, todos los objetos de aseo y vajilla que salen despedidos al abrirse las puertas, los derroteros, etc…En los aseos vamos acumulando la ropa mojada y no podemos cocinar. Sobrevivimos a base de sándwiches, que en si mismos son una proeza prepararlos.

Cae la noche y vemos que el panel solar de la popa ha sido arrancado por una ola y ha quedado suspendido por los cables, golpeando sin parar el dinghy. Cortamos los cables, con descarga eléctrica incluida, y conseguimos estibarlo en la bañera con grandes dificultades amarrados con arneses a las líneas de vida. Vemos que los soportes que tenía han desaparecido y decidimos esperar a mejores condiciones para estibarlo en un lugar que moleste menos. En Azores intentaremos ver si podemos repararlo.


Las guardias de esta noche son agotadoras, en sintonía con las condiciones del océano. Se cruzan varios mercantes en nuestro rumbo y los vamos siguiendo con el radar, ya que con el oleaje solo cuando estamos en la cresta de ola, durante unos segundos, somos capaces de tener una cierta visión del horizonte. Llueve con dureza y las olas atraviesan permanentemente la cubierta. El barco entero por dentro esta lleno de agua, las sabanas y sacos de dormir mojados y tenemos que ir bombeando cada cierto tiempo las sentinas para sacar el agua que va entrando. A pesar de todo, el excepcional Larete aguanta y continúa ganando millas.


Alguien escribió que el mar es un espacio de prueba para el hombre. Tras la noche de los cuchillos largos, el viento comienza a caer, situándose sobre los 30 nudos de intensidad de componente nor-noreste. Estamos cansados y doloridos de todos los golpes que hemos ido recibiendo por los embistes de las olas en el casco del barco. Hay un fuerte oleaje y comenzamos a quitar rizos a las velas para tener potencia y poder escalar cada ola que viene por la amura de babor. Seguimos un rumbo ligeramente sur con respecto a nuestro destino. Adelantamos otra hora el reloj de bitácora. Estamos con tres horas de retraso de la hora peninsular.

Estibamos en el balcón de popa el panel de placas solares y sujetamos firmemente el dinghy con cabos atados a su proa y popa en las cornamusas. Revisamos el barco para ver si tenemos algún desperfecto más. Descubrimos que hemos perdido el asiento del balcón de proa en babor. Alguna ola se lo entrego a Neptuno. El resto del barco parece estar en buenas condiciones. 

El viento se va suavizando poco a poco a lo largo del día hasta quedarse establecido en 20 nudos. El mar vuelve a un estado mas domesticado, con olas de 1 a 2 metros. El viento continua soplando de proa, con lo cual nos hace avanzar poco, ciñendo a rabiar. Por la noche viramos, amurandonos a estribor y poniendo rumbo al norte.




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