en busca de la biomimética


El capitalismo hizo prosperar a parte de la humanidad, pero sus hipótesis de partida fallaron. Los recursos son limitados y hemos alterado de forma significativa y peligrosa el equilibrio de la naturaleza. Algunas personas inquietas planearon este problema hace años, el modelo de crecimiento y el papel del ser humano en la naturaleza. Surgió entonces el ecologismo y sus principios síntesis: reducir, reutilizar, reciclar.

El movimiento verde se extendió entre la sociedad en los últimos años alentado por el oportunismo promocional de las grandes corporaciones que encuentran un beneficio en asociar sus marcas con tendencias ecologistas.

En el fondo estos principios no suponen más que un parche para mantener el sistema económico reinante, su injusta distribución y el mantenimiento de la riqueza y el poder establecido. Es un pensamiento de cartón piedra, parte del gran parque temático en el que pretenden que consumamos nuestras vidas.

Luchando contra esta "Disney-zación" de nuestras vidas, aparecen activistas con enfoques nuevos, como el principio de la ecoefectividad, proclamada por Michael Braungart y William McDonough, en su libro Cradle to Cradle, Rediseñando la forma en que hacemos las cosas.

Ellos apuestan por un sistema económico que copie de la naturaleza uno de sus principios básicos, la no existencia de residuos. La clave es crear técnicas de producción más eficaces según el cual residuo = alimento. La idea es sencilla: todos los inputs y outputs de materiales deben ser nutrientes técnicos (representados por el ciclo azul) o bien nutrientes biológicos (el ciclo verde). De ese modo, los nutrientes técnicos, como los plásticos, el cristal o los metales, se pueden reutilizar o reciclar fácilmente sin que el material pierda calidad. Por otro lado, los nutrientes biológicos, como la madera, el algodón o el corcho, se pueden compostar para convertirlos en nutrientes de otros materiales renovables futuros. El reto es no mezclar materiales biológicos y técnicos de manera que no se puedan separar al final de su vida, ya que ello imposibilitaría su reciclaje o su reutilización.

McDonough y Braungart han acuñado la palabra upcycling para distinguir entre el reciclaje que crea materiales más valiosos, y el que da lugar a la pérdida de calidad (downcycling). Por desgracia, buena parte de nuestro actual sistema de reciclaje recurre al downcycling, por el que se mezclan todo tipo de plásticos diferentes (PET, PP, PVC, etc.) para resultar en un material de menos calidad.

Este ciclo de la vida enteramente verde es aplicable a las construcciones, a todos los productos que consumimos, al transporte y las propias fábricas, con el objetivo de acabar con la polución y los desechos. Se trata de un paso más hacia el objetivo de una organización económica y social biomimética.

Estamos ante la auténtica utopía verde, que algunos denominan ya como ecotopía.






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