la crucifixión del capitalismo




Siento la necesidad de vivir la crisis como un proceso abierto. Un proceso de búsqueda colectiva de un nuevo imaginario para definir una identidad nueva que permita alcanzar una fraternidad planetaria. La desobediencia se canaliza en la articulación de un discurso rebelde contra la clase dirigente que se aferra a los caducos principios de un sistema económico sufriendo un calvario. La perdida de referencias y de los propios límites del momento implica un gran peligro necesitando un gran constructivismo experimental para sostener la mutación que está en curso. Nada de esto se dará sin dolor, sin un cierto tipo de muerte, donde las reservas de vida que tenemos, nuestra imaginación y creatividad tienen que actuar como materia prima del cambio.

El proceso de metamorfosis implica una redistribución de la frontera de lo que ya no se tolera, de esa sensibilidad anterior que se acaba y colapsa, aunque fuera inimaginable y no formara parte de nuestra vida cotidiana. La economía de la mutación debe comenzar por analizar el concepto de lo común, en que consiste la identidad de una comunidad. En un mundo interconectado la red distribuida crea una nueva realidad sobre la libertad individual de pertenecer a una determinada comunidad o no, y por lo tanto, de no tener que aceptar o imponer una determinada identidad a quien no lo solicite.




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