la lógica del caracol


El caracol construye la delicada arquitectura de su concha añadiendo una tras otra las espiras cada vez más amplias; después cesa bruscamente y comienza a enroscarse esta vez en decrecimiento, ya que una sola espira más daría a la concha una dimensión dieciséis veces más grande, lo que en lugar de contribuir al bienestar del animal, lo sobrecargaría. Y desde entonces, cualquier aumento de su productividad serviría sólo para paliar las dificultades creadas por esta ampliación de la concha, fuera de los límites fijados por su finalidad. Pasado el punto límite de la ampliación de las espiras, los problemas del sobrecrecimiento se multiplican en progresión geométrica, mientras que la capacidad biológica del caracol sólo puede, en el mejor de los casos, seguir una progresión aritmética” 


Actualmente hay un debate abierto sobre nuestra forma de vivir y sus límites.

Los decrecionistas creen que la única manera de solucionar la Gran Crisis es decreciendo, reduciendo la economía y nuestra huella ecológica para alcanzar la sostenibilidad en un nuevo sistema socioeconómico. Desde Nicholas Georgescu-Roegen hasta Serge Latouche, numerosos intelectuales y economistas han desarrollado este nuevo pensamiento que se extiende como la pólvora a través de ciberespacio. Los nuevos valores apuestan por una vida más lenta basada en las relaciones humanas, con mucho menos consumo, con un ámbito mucho más local, respetuosa con el medio ambiente y con todos los seres humanos que viven en el planeta. Los valores que sustentan el movimiento aparecen como una exigencia ante la decadencia y simultánea inmolación del sistema capitalista a la que asistimos en estos momentos.

El movimiento se extiende de forma espontánea y arrolladora promovido por una gran cantidad de personas que reclaman un cambio profundo en el mundo. Las ideas se transmiten de persona a persona. Diferentes tipos de organizaciones impulsan el pensamiento desde diferentes ópticas, la ecologista, económica, política y social, con activistas que son capaz de organizarse de forma efectiva y llegar de forma instantánea a los cada día más seguidores utilizando internet. Los medios de comunicación tradicionales, el antiguo cuarto poder, los denominaron anti-sistema desde las primeras manifestaciones en Seattle contra una reunión de la OMC en 1999 en un claro guiño al poder establecido. Esta definición con tintes despectivos inicialmente ha trascendido al sentir de un orgullo revolucionario que profesan sus seguidores y que impregna todas sus acciones. Como el que pregona Enric Durán de insumisión a la banca que pretende acabar hasta con lo más básico que representa el actual sistema: el dinero y el crédito.

Todos están de acuerdo en que el cambio hacia el decrecimiento implica un proceso muy complejo. Muchos creen que tarde o temprano se impondrá este pensamiento ante el previsible colapso de la economía de los países del norte, por lo que es vital ir avanzando en la construcción de alternativas. La propia corriente decrecionista actúa como acelerador de la crisis según va ganando adeptos. Los ciudadanos del mundo quieren dejar de sentirse como bienes de consumo y volver a ser seres humanos, con valores humanos y no los que dicta el mercado. De cada ciberturba surge una nueva idea, un nuevo campo de trabajo, un paso más que acerca a la redacción de un guión que se está escribiendo en el mundo digital de forma colectiva y que marca el camino para conseguir un mundo más libre, igualitario y justo.




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