Baltimore y el mar


En Baltimore huele a océano. En el suroeste de Irlanda, se sitúa en la encrucijada de paso de las borrascas del Atlántico Norte, la mayoría formadas en la costa americana, que atraviesan el Atlántico de oeste a este para ocluir tierra adentro en el continente europeo. El clima templado es debido a la corriente del Golfo que circunnavega todo el Atlántico Norte, proveniente del mar Caribe, calentando estas latitudes, que de no recibir la calefacción del océano tendrían un clima casi polar. 

La costa está formada por multitud de entrantes del mar, ensenadas y bajíos, escondidos entre altos acantilados, que configuran un paisaje espectacular con el fondo de la naturaleza verde de domesticadas colinas con prados y pequeños bosques. Las mareas, con una amplitud de unos 4 metros entre la pleamar y la bajamar, varían considerablemente la configuración de la costa en las ensenadas y rías, protegidas medioambientalmente para preservar la rica vida marina de los lodos costeros, donde se reproduce intensivamente el plácton del océano. En cada ensenada a sotavento de los vientos del suroeste fondean los barcos de pesca y numerosos veleros de todo tipo.

Baltimore vive entre el salvaje océano y la agricultura ecológica. Estas dos culturas se funden llenas de historia por las antiguas construcciones de celtas, normandos y británicos. La cultura del mar se observa en el casco antiguo de este pueblo de pescadores y piratas de tierra. Desde los sencillos muelles del puerto, donde vienen a descansar las focas, se observa el Bushe, un bar de marineros al puro estilo del bar más famoso del mundo para los navegantes a vela, el Peter´s Cafe en Horta (Faial, Azores), decorado con antiguos aparatos náuticos, muchos de ellos provenientes de los numerosos naufragios provocados por los temporales del suroeste en el Gran Sol, situado entre los paralelos 48 y 60 en alta mar, emblemático caladero de los pesqueros españoles de la costa cantábrica. En las paredes se pueden ver varias cartas náuticas y documentos enmarcados con los principales naufragios sucedidos en esta costa salvaje. 

La esencia de la navegación a vela se respira en las limpias brisas que vienen del Altántico. Los veleros se refugian en las amplias ensenadas en muertos anclados en el fangoso fondo. En el jardín de cada vivienda hay prácticamente un velero varado. Existe una escuela de vela de Glenans, la escuela con mayor reputación en Europa, originaria de Francia, con centros en Francia, Inglaterra e Irlanda principalmente. Frente a la salida de la bahía se encuentra la Fastnet Rock, una imponente roca en medio del mar con un faro que es batido con violencia por los temporales atlánticos. Una de las regatas con más solera en el mundo de la vela se realiza utilizando la Fastnet Rock como baliza.





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