cambio climático


El ser humano con su imaginación y ansias de progreso ha inventado una forma de vida que se demuestra erronea. Lo que comemos emite CO2, todo el confort con el que nos rodeamos emite, nuestra vida de viajeros incansables, nuestras casas y prácticamente todo lo que nos rodea. Los productos que consumimos dan varias vueltas al mundo en contenedores antes de llegar a las tiendas. La única manera conocida hoy en día de neutralizar las emisiones de gases invernadero son los árboles, pero no paramos de talar sin control para satisfacer el sistema de vida occidental que ahora lo están adoptando como modelo numerosos países emergentes. Antes teníamos una situación injusta, pero más o menos perdurable durante algún tiempo. Ahora el sistema al completo se demuestra comoinsostenible. Los ricos les pedimos esfuerzos a los pobres mientras seguimos esquilmando todos sus recursos naturales. La economía basada en los combustibles fósiles está sentenciada de muerte, y quizás la vida en la tierra, ya que el 30 % de las especies del planeta está en peligro de extinción. Una extinción masiva, un cambio de la faz de la tierra. Pero continuamos en una desenfrenada carrera de consumo y además financiándolo con undinero que no tenemos y que hay que devolver, mientras condenamos a la pobreza y al hambre a un parte importante de la humanidad que no solo no tienen derecho a vivir con nuestro lujo, si no que les privamos de lo más básico. Además, una gran parte de la población acomodada no es feliz, pero no es capaz de mostrar públicamente su frustración. La situación está llegando tan lejos que cada vez hay más gente consciente de la gravedad del problema.

El problema requiere un cambio profundo en la manera de vivir, de interpretar nuestro papel en la naturaleza y de la igualdad entre los seres humanos. El cambio está servido, ya está en marcha, se respira en el ambiente, en el único lugar libre del planeta, en Internet. La revolución vendrá de internet y será imparable. Mientras exista la red, existe la esperanza. La sociedad del conocimiento tiene su espacio, los libre-pensadores del mundo están fraguando un brainstorming planetario, espontaneo y demoledor.

Algunas decisiones son necesarias, todo el mundo las tiene claras por la obviedad. La primera es CONSERVACIÓN, necesitamos conservar el mayor número de especies, los océanos y todos los árboles. Tenemos que pagar a los habitantes de lugares con bosques para que los cuiden. Tenemos que compensarles por el esfuerzo, y deben de convertirse en la base de la sociedad, su bienestar es nuestra supervivencia. Hay que GRAVAR de forma exponencial la emisión de CO2 a cualquier nivel de la sociedad en todo el planeta. Para ello primero hay que descubrir un sistema universal para medir datos y almacenarlos de las emisiones de todos los ciudadanos del mundo. Existen calculadoras, es un paso, pero son muy prehistóricas todavía. La tercera es la creación del CONOCIMIENTO suficiente para crear formas de vida en diferentes entornos naturales del planeta que tengan cero emisiones, que estén basadas en un sistema de vida en armonía con la naturaleza. El ecualizador del confort de estos nuevos modelos de vida serán la clave para avanzar hacia una sociedad más feliz y justa. Unos tendrán que bajar y otros, muchos, subir. La tecnología y el intercambio del conocimiento serán claves.

La revolución que tienen que acometer los ciudadanos del mundo ya ha comenzado, nadie la va a parar. Será más lenta o más veloz y con más o menos trauma, pero es inevitable, por una ley física de desequilibrio. Cada vez hay más activistas, mayor conciencia y saltan más alarmas. La red amplifica el sonido y llega a todos los rincones. La incompetencia de los poderosos alarga la agonía, mientras tratan de mantener a la población anestesiada, para que produzcan, consuman y generen dinero para el Estado opulento solo de algunos. Las bombas resuenan desde hace décadas en zonas del mundo con grandes reservas de combustibles fósiles. La economía se tambalea en un genocidio financiero que suena a inmolación colectiva subconsciente. La presión comienza a ser intolerable. La olla va a estallar.




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