corrupción institucional


En España el descrédito que han alcanzado los políticos y las instituciones no tiene referencias, al menos en las últimas décadas. La corrupción, en su formato actual nace con la denominada "beautiful people" a mediados de los años 80. Se acelera de forma importante con los escándalos de la era Roldán a principios de los 90, que enseñan a la población que robar tiene un coste barato, no hay ni que devolver lo robado. Desde mediados de los 90, con el boom inmobiliario, la clase dirigente se vuelca en el ladrillo: recalificaciones, comisiones y todo tipo de mordidas institucionalizadas. Administraciones y Partidos se ven envueltos en grandes escandalos, que no suelen tener más repercusión que estar unos días en la picota de los medios de comunicación.

El sistema está enfermo y el pueblo ha aceptado que esto es así, es más, existen personas que apoyan la corrupción porque creen que genera economía. El resultado es la urbanización de nuestro país, esencialmente la costa y las grandes ciudades, provocando un problema económico, social y medioambiental de grandes proporciones y la desconfianza que se va generalizando en el sistema democrático. Muchos apuntan a señalar la Gran Crisis como la crisis de las élites, de los gobernantes y de los grandes ejecutivos que han estado manejando los hilos del poder. Ellos crearon el problema y ellos son los que luchan por mantener un sistema que solo funciona para unos pocos.

Subiendo a un nivel más internacional, vemos que la crisis del sistema político basado en la democracia es generalizado, como muestra vemos que solo el 12 % de los norteamericanos confían en sus políticos. El problema además adquiere una dimensión gigantesca por la propia globalización económica pero que no ha sido política.

No es posible acometer los problemas a los que nos enfrentamos si no hay un cambio profundo en la organización política. Muchos piensan que solo se podrán acometer los cambios necesarios si se crea un gobierno mundial. Es incompatible la globalización económica y la organizaciones nacionales basadas en la democracia representativa. La clase dirigente no escucha a los ciudadanos, de hecho, muchas veces justifican sus decisiones por la "necesidad de gobernar" y toman decisiones en contra de los programas políticos que "vendieron" a los votantes. El propio sistema se retroalimenta y trata de censurar el pensamiento crítico.

En estos tiempos se alzan nuevas propuestas de organizaciones políticas, donde el sentido común comienza a hablar de medioambientalismo y la socialización de los recursos naturales, de un gobierno mundial que marque unas reglas de respeto a la naturaleza y a la igualdad entre los seres humanos. Cada vez se habla más de la democracia partipativa, algo posible con las tecnologías disponibles, incluso algunos apuntan a la plurarquía que permite la netocracia. Estos principios se aplican en el mundo empresarial privado como podemos ver en la explosión de las cooperativas basadas en la democracia económica, el medioambientalismo y que abogan por poner fin al tecnoimperialismo reinante.

Si la globalización es algo que no se puede parar, es una cuestión de supervivencia, ordenarla.




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