¡ por Dios, que me quede como estoy !


El sistema intenta hacernos comer por una tubería, una especie de embudo del que no puedes escapar y por el que fluyen lo que comemos, bebemos, lo que consumimos, lo que sentimos, lo que anhelamos, hasta el software con el código compilado que intenta marcar el camino hacia la trampa. Hacia el consumo sin fin, las tarjetas, los servicios que nos prestan las empresas, los medicamentos con los que tratan de anestesiarte, los bancos, los seguros, Iberdrola, el Canal de Isabel Segunda, los proveedores de telecomunicaciones,... Se trata de un programa informático que marca las reglas de comportamiento, el carril que hay que seguir para ser un buen ciudadano trabajador y consumista. Unas líneas de programación definen la condición que intenta que llegues a creer que además eres afortunado. La publicidad y promoción planetaria de las grandes marcas representan las actualizaciones del programa informático que llevamos cargado en nuestro subconsciente. Un joven europeo de media a los 20 años reconoce 1.000 marcas comerciales, pero es incapaz de reconocer 10 plantas o animales

¿Quien define el programa y las reglas del mismo?

¿Se puede hackear?




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