Cartagena de Indias, la esencia del caribe latinoamericano urbano



Hace ya tiempo que las ciudades occidentales dejaron de emocionarnos. Ese mundo plano, homogéneo, falsamente seguro y con un bienestar basado en un gran pacto social al diablo. Hace tiempo que descubrimos viajando por el mundo que en España hay marcha, fiesta, se come bien,... pero no es el mejor sitio del mundo, si no uno más, de hecho, cuanto echamos de menos ese Madrid de hace años, más salvaje, indómito y nocturno.

Esa sensación la sentimos en otras ciudades latinoamericanas, en Miami, en Río de Janeiro, en Buenos Aires, y por supuesto, lo hemos encontrado en Cartagena de Indias, en el punto neurálgico del mar Caribe.


Una ciudad a la que veníamos por
Blas de Lezo, por pisar las murallas que no pudieron conquistar el almirante Vernon, en una de las mayores y más desconocidas gestas de aquel valor que dicen caracterizaron a los españoles en una época, hemos encontrado la esencia de la vida vivida.

El fondeadero de veleros en plena ciudad está infestado de nómadas transmundistas, ciudadanos del mundo con solera, donde nadie te pregunta de donde eres o a donde vas, tan solo hablan contigo como si te conocieran de siempre, te ayudan con lo que necesites y permanecen alerta para defender sus barcos de cualquier amenaza. Los perros ladrando en las cubiertas por las noches, mezclado con los ritmos caribeños, las risas, los gritos, dinghys que vienen y van, hombres con piel curtida por el viento y el sol, con cara de haber vivido muchas cosas,...


La ciudad es Latinoamerica en estado puro. El eslogán de las guías de la ciudad dice: El riesgo es que te quieras quedar. Ricos, pobres, aromas, bullicio, exageración, belleza, bellezas, acariciada por la brisa del alisio la convierten en irresistible. Es una ciudad en crecimiento buscando su propio futuro. Todas las calles están llenas de comerciantes, en los locales, con puestos en la calle, carritos. La ciudad es un inmenso bazar que está viviendo un intenso crecimiento económico. Aquí no hay crisis y tampoco les preocupa la crisis de occidente. Están viviendo su momento, recuperando el antiguo esplendor que todavía reflejan las casas indianas de entradas de piedra, paredes de colores y balconadas de madera.


Desde 2003 una ley estatal eximió de pagar impuestos a todo aquel que invirtiera en la industria turística, convirtiendo la ciudad en el primer destino de Colombia y uno de los primeros de todo América Latina. La segunda gran actividad viene siendo la misma, la industria portuaria, desde que los españoles la convirtieran en el centro logístico comercial de tránsito entre América y España. Se trata del principal puerto colombiano, un puerto natural que todavía conserva intactas todas las fortificaciones que construyeron los españoles durante 200 años...


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