siento que ya he estado aquí



Releer un libro es como volver a sentir un espacio del tiempo. Despierta los sentidos  descubriendo veladuras que no conseguiste ver. En el barco leemos mucho, al menos, más que en la vida de Madrid. Comienzo un nuevo libro que leí hace muchos años, Viaje al fin de mundo, Galapagos, y encuentro en la contraportada dos hojas impresas con una carta escrita por García Marquez cuando estaba en fase terminal por el cáncer linfático,  de la cual no puedo resistir extractar algunos fragmentos de franca inspiración. 

“Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más. Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma. Dios mío si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas. Nadie te recordará por tus pensamientos secretos.” 

Fragmentos de un carta de Gabriel García Marquez.

Desde que estamos en Kuna Yala siento que ya he estado aquí antes. Reconozco a las islas con palmeras, a los cayos de arena blanca, a los indios esquivos, a los veleros que navegan, a los navegantes que viven, el olor del mar, el sonido del viento,... Quizás son fragmentos de realidad de lecturas de juventud, de Salgari, de Verne, de todos los libros de aventuras, piratas y veleros... Quizás es la evasión de la ansiedad del atasco de la hora punta, de las reuniones de negocios, de los viajes rápidos con el trolley, de los planes de negocios efímeros, de la lucha entre valer y significar... Quizás es nuestra metamorfosis, la oportunidad, el instante,... Quizás nos convirtamos en albatros, volando mecidos por el viento, sin rumbo, observando el azul intenso de la olas, libres y salvajes...

Siento que ya he estado aquí antes, y que algo nos espera. Siento que necesitamos paciencia, disminuir la velocidad del tiempo, encontrar la dimensión del espacio. Siento que estamos cerca de algo, de alguien, de una balada que perdurará... El sosiego nos invade y solo el insensato no escucharía la llamada profunda, antigua, eterna, de una madre que nos reclama a pesar de nuestras debilidades.

Siento que ya he estado aquí antes, desde aquellos días tempranos cuando cualquier soplo de viento nos asustaba, cuando nos tomábamos la cosas ridículamente en serio intentando sacar lo posible del viento, en las tediosas horas hasta que amainaba el viento y la mar. 

Siento que ya he estado aquí antes, cuando sucedía el ritual del triunfo, cuando nos sentimos unidos con el barco y unidos entre nosotros mismos.




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