Nargana y Corazón de Jesús, los pueblos unidos


No hace mucho existía un mundo primitivo y otro civilizado, En ciertas islas del Pacífico, en las junglas de América del Sur y en las praderas de África Oriental, pueblos constituidos en tribus seguían aún edificando versiones nuevas de un tipo de cultura que en Europa pertenecía ya a una era olvidada. Pero hablar hoy del “mundo civilizado” dando a entender cierta oscuridad externa primitiva es hablar el lenguaje de la historia. La civilización moderna no conoce límites: aquellos curiosos pueblos situados fuera del marco civilizado han sido atraídos a la esfera principal a lo largo del descubrimiento planetario realizado por Europa en los últimos cuatro siglos. Una vez descubiertos fueron rápidamente colonizados, bautizados y traumatizados culturalmente: “aculturados” es la palabra técnica.

Las sociedades tribales. Marshall D. Shalins

Hemos visitado varias comunidades de los indios kuna en estos últimos tres meses. Ninguna nos ha dejado indiferentes. Narganá y Corazón de Jesús son dos poblaciones kunas situadas en el centro de Kuna Yala. Se trata de dos pueblos bastante occidentalizados que han abandonado parcialmente las tradiciones de la cultura kuna. Se trata de un buen lugar para acceder vía aérea a Kuna Yala, ya que dispone de un pequeño aeropuerto con al menos un vuelo diario desde Panama City. 

Los dos pueblos están unidos por un puente peatonal techado, que llamaron Puente de la Amistad. El pueblo cuenta con su propio generador eléctrico que abastece a toda la población. Sorprende ver las cabañas kuna con los contadores de la luz a la puerta, aunque impacta más ver la profusión de antenas parabólicas. El ruido del generador diesel se siente por todo el pueblo. En estos momentos el sistema de agua corriente no funciona, porque un aguacero reciente rompió las cañerías que la transportaban del río Diablo. La crecida trajo también los cocodrilos que nadan entre los manglares que rodean los hermanados pueblos. Las casas de cemento pintadas de colores se mezclan con las cabañas tradicionales. La mayoría de las casas siguen utilizando los retretes abiertos al mar. Las calles de arena son anchas, están limpias aunque los fondos de saco son vertederos de basura, mucha de ella plásticos traídos por el mar. Entre las viviendas hay varias plazas enlazadas rodeadas por tendidos de postes de la luz. En la calle huele a poblado kuna mezclado con olor a desagüe. Se escuchan las risas de los niños, bebes llorando, boleros que salen de las casas a un volumen brutal. La carga estética es muy fuerte. No vemos sistemas de recuperación de agua de lluvia, ni paneles solares, ni esa maravillosa combinación de la cultura tradicional india con la tecnología sostenible de vanguardia que hemos visto en otros pueblos. En este poblado ya no existe ni casa del congreso ni casa de la chicha. Nos alegramos de haber venido, aunque no diríamos que es nuestro lugar preferido.

En el pueblo se encuentra uno de los pocos centros de salud de Kuna Yala. Cuando lo vemos rogamos a Neptuno para que no tengamos que visitarlo nunca. También está el único banco de todo el territorio kuna. Es una sucursal del Banco Nacional, un banco panameño. El banco, vacío de clientes, tiene un guardia de seguridad a la puerta y dispone de aire acondicionado. Para alimentar de energía la oficina tienen su propio generador eléctrico del que sale un con un sonido atronador todavía más fuerte que el generador principal del pueblo.

Varios barcos de comerciantes nómadas colombianos montan improvisados mercados callejeros a los que acude toda la comunidad. Los kunas jovenes juegan al voleibol con habilidad en un campo de cemento en medio del poblado. Cada familia tiene que remontar el río Diablo a diario con sus canoas para abastecerse de agua. El trasiego es constante y nos saludan con alegría, culpando al gobierno panameño de sus problemas. Remontamos el río varios kilómetros hasta una zona idílica donde van a bañarse los indios, a lavar la ropa, a cargar agua en las canoas. La ribera del río la conforma un enorme jardín tropical, donde los indios cultivan frutas y hortalizas mezclados entre la naturaleza salvaje. No aran, ni cavan, ni utilizan pesticidas, en un modelo agrícola natural que fue fuente de inspiración a de los creadores de la permacultura. Nos preguntamos si esta forma de trabajar la tierra hubiera sido posible en los duros pueblos de Castilla, los de la hoz olvidada.

La pérdida de identidad que está sufriendo está comunidad crece paralela al surgimiento de problemas de delincuencia, consumo de drogas y una cierta malicia en sus habitantes que no habíamos sentido en otros poblados. La malicia la observamos en pequeños detalles como que las casas tienen puertas con candados y suelen estar cerradas con llave o que te cobran por dejar las bolsas de basura, pero muchos se limitan a cobrar por el reciclaje a los veleristas y luego arrojan la basura al manglar. Nos lo cuenta Federico Morales, dueño de la lavamatica, como denominan por aquí a la lavandería. Federico fue el guía que acompañó a Eric Bauhaus para realizar su famoso derrotero de Kuna Yala, el único existente hoy en día realmente con el que consultamos todos los navegantes los datos para la navegación en la zona. Por la calles vemos soldados panameños del cuerpo antidrogas. Aquí está el centro de mando de Kuna Yala.

A unas dos millas se encuentra Río Azúcar, comunidad que también visitamos. Allí nos hace de guía del pueblo Ricardo, un kuna buscavidas hablador y divertido. Se trata de otro pueblo occidentalizado. También cuenta con su propio generador de energía, acueducto de agua dulce canalizada desde el río en el continente, una gran mezcla entre lo tradicional y la construcción tipo favela que tanto abunda en la Latinoamerica pobre, y que parece ser la marca estética de los pueblos de esta zona. 

Bienvenidos al “mundo civilizado”.



  

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