la Bahía Azul, la tierra de los indios ngobe


Arribamos en Punta Alegre, uno de los pueblos de la Bahía Azul. Estamos en la parte sur de Bocas del Toro. A 30 millas de la frontera de Costa Rica, Bocas del Toro está formado por dos grandes bahías-lagoons, 8 isla mayores y 51 cayos. El archipiélago fue descubierto por Colón en su cuarto y último viaje. Colón escribía en su bitácora de abordo que le sorprendió la increíble belleza del lugar.

En la Bahía hay varios pueblos que suman una población que no llega a las mil personas. Enrique nos lleva en su canoa por el río donde esta su poblado, llamado Quebrada Hilo, donde viven unas cincuenta personas, casi todas emparentadas entre sí. El poblado está suspendido entre los manglares en la entrada de un pequeño río, con la selva rodeándolo completamente. Nos invita a su casa. Su mujer nos ofrece el ñame que está cocinando. Son muy pobres. No tienen dinero ni para llevar a los niños a la escuela. Nos cuenta que no hay trabajo en la zona ni forma alguna de conseguir dinero. La mayoría de los indios de la zona han emigrado al pueblo de Bocas o a Panamá City. 

Los ngobes se dividieron en dos grupos principales: los de la costa atlántica, en Bocas del Toro, y los de tierras altas, en tierras de Chiriquí y Veraguas. Jamás se rindieron, y mantuvieron su resistencia hasta la caída del dominio español. Al independizarse Panamá de España y unirse a Colombia en el siglo XIX, los ngobes permanecieron en la montaña. En la actualidad su incorporación a la "civilización" está considerada por los panameños como más bien lenta. 

Su fisonomía es distinta de los kunas, aunque con rasgos claramente indios. Su organización es comunal. No existe la propiedad privada. Su economía se basa en la pesca y agricultura de subsistencia. Viven en cabañas construidas por tablones de madera con techado vegetal de penca. En una zona abierta cocinan con fuego y brasas, junto a una especie de sala donde tienen la mesa para comer con sillas de madera. Separado por paredes de tablones que les protegen del viento se encuentran las habitaciones donde duermen sobre cartones en el suelo. Las cabañas se encuentran suspendidas sobre pilares de madera encima de la superficie del mar. Sus canoas son más pequeñas que las de los kunas. Todo lo que tienen lo autoconstruyen con materiales cercanos a sus viviendas. Tan solo sus ropas occidentales y algunos recipientes de plástico en sus vivienda muestran el cambio de los tiempos en su estilo de vida. Se nota que su organización es mucho menos evolucionada que la de los indios kunas. Las diferentes tribus no están unidas. Viven bajo el paraguas protector de el estado panameño, que no destina prácticamente ni recursos, ni esfuerzos para ellos. Es un pueblo que está perdiendo claramente su identidad, que han quedado descolocados y con un futuro bastante sombrío.




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