sobre el decrecionismo


Para definir el decrecimiento hay que anotar tres dimensiones. La primera subraya un hecho físico: vivimos en un planeta con recursos limitados y no tiene sentido que aspiremos a crecer ilimitadamente. Estamos provocando un agotamiento muy delicado de los recursos que la Tierra nos ofrece y esto pone en peligro los derechos de las generaciones venideras y los derechos de las demás especies que nos acompañan en el planeta.

Lo segundo: si la primera de las observaciones llama la atención sobre una circunstancia geológica y biológica, la segunda subraya que podemos vivir mejor con menos. No somos necesariamente felices al calor del crecimiento económico. Significa recuperar muchos de los elementos de la sabiduría popular de nuestros campesinos viejos o de los habitantes de los países del Sur, que siempre han mantenido una relación mucho más equilibrada con el medio natural.

Tercero, la propuesta del decrecimiento apunta a un hecho fundamental: en el Norte opulento tenemos que reducir los niveles de producción y de consumo. Pero tenemos que hacer muchas otras cosas: recuperar la vida social que hemos ido perdiendo, apostar por formas de ocio creativo, repartir el trabajo, reducir el tamaño de muchas de las infraestructuras que malutilizamos, restaurar la vida local que hemos ido dejando morir y en el plano personal, asumir estrategias de sobriedad y sencillez voluntarias.

El crecimiento económico no genera necesariamente cohesión social. La relación del crecimiento económico con la generación de puestos de trabajo es mucho más nebulosa de lo que pudiera parecer. Este se traduce muy a menudo en agresiones medioambientales irreversibles o provoca el agotamiento de recursos que, sabemos, no van a estar a disposición de las generaciones venideras. En lo que respecta a los países ricos, y esto es muy importante, se asienta de un modo u otro en el expolio de la riqueza humana y material de los países del Sur. Para terminar, en el plano individual, la obsesión con el crecimiento económico propicia lo que algunos autores entienden que es un modo de vida esclavo, que nos hace pensar que seremos más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos y sobre todo, más bienes acertemos a consumir.

El decrecimiento en el estado actual es una teoría que yo creo que aporta un marco conceptual interesante y plantea un análisis reflexivo de los problemas principales; pero a la hora de promover opciones alternativas, no es tanto que no las pueda diseñar teóricamente, como que le falta “la prueba del algodón” de llevar a la práctica esas opciones. Hablamos de decrecimiento como si fuera un cuerpo unificado de teorías con asunciones manifiestamente comunes a todas las personas que están ahí como activistas o teóricos. No es verdad. Hay diferentes corrientes dentro del decrecimiento. Hay posiciones claramente situadas dentro del sistema, que reclaman una reforma del sistema desde dentro. Esto implicaría el concurso de las instituciones, de los partidos, de los gobiernos… Hay quienes están pensando en un gobierno mundial y hay quienes tenemos una concepción distinta que tiene un eco más libertario: su construcción desde abajo, un régimen autogestionario y una sociedad diferente.

La palabra colapso es vital para explicarlo todo. Es tanto más vital, cuanto que no forma parte del discurso de nuestros dirigentes políticos, ni siquiera de los de la izquierda. Tenemos que buscar una salida del capitalismo, no de la crisis. Cuando uno incorpora el concepto de colapso, el diseño tiene que ser mucho más ambicioso. Hay dos posiciones distintas en relación con esta discusión. La primera es la de personas que en virtud de un análisis muy puntilloso y muy realista dicen: “no nos queda más remedio que aguardar a que llegue el momento del colapso, porque será la única posibilidad de que la mayoría de nuestros conciudadanos tomen nota de lo que tiene que hacer y aplique taxativamente un programa de decrecimiento”. Esta opción es crudamente realista, pero es desalentadora. El colapso, por definición, implica una multiplicación tan espectacular de los problemas que por lógica, nuestra posibilidad de encararlos se reducirá dramáticamente. La segunda posición es la mía y admito que tiene un carácter voluntarista. Asume que nuestras posibilidades son muy reducidas y reclama salir del capitalismo ya. Eso empíricamente implica hacer lo que están tratando de sacar adelante bastantes personas en un país como el nuestro: construir espacios autónomos en los cuales empecemos a aplicar reglas del juego diferentes. Hablo de cooperativas integrales, eco aldeas, grupos de consumo, fórmulas de banca ética y social que surgen en la base de la sociedad, del incipiente movimiento de trabajadores que se hacen con la dirección de las empresas en régimen autogestionario cooperativo. Admito de buen grado que esto es un proyecto voluntarista y que sus posibilidades de volver a enderezar la situación son muy reducidas.

Fragmentos de una entrevista a Carlos Taibo




4 comentarios:

Jose Angel Zabalegui dijo...

Lamentablemente creo que la única vía que se intuye es la del colapso... el mundo desarrollado sólo es capaz de aprender a golpe de mazo pues se aferra al inmovilismo de la comodidad... esta vía va a ser muy dura y dejará mucho daño colateral.
La nota positiva la pongo en la capacidad de regeneración del ser humano como grupo, creo en ello, por lo que guardo cierta esperanza de que, tras el necesario cambio, creemos algo nuevo y sostenible.

----- jorge juan ---- dijo...

Una de cal y una de arena. Estoy de acuerdo contigo.

Thethundertraveller dijo...

Eric Fromm dijo "La democracia es un sistema que crea condiciones políticas, económicas y culturales tendentes al desarrollo pleno del individuo." Yo no sé si la democracia es el mejor sistema de gestion de la sociedad, parece que es el que ha tenido más exito, pero es joven, y solo se practico por los griegos hace miles de años y a su manera. En lo que estoy de acuerdo es que la dinamica actual lleva por inercia al borde del abismo. Ojala antes, y no despues, contabilicemos el progreso no por los "tangibles" economicos del PIB y demás sino por "intangibles" como felicidad, realizacion, etc...

----- jorge juan ---- dijo...

Gracias por tus comentarios.

Apuntas al centro de la diana.El PIB, el dato macroeconómico por excelencia en el modelo del crecimiento, es incompleto para medir la verdadera creación/destrucción de riqueza.

El PIB mide exclusivamente la producción de bienes y servicios y su comercialización después de haber sido monetarizados (sean estos coches fabricados, petróleo extraído, árboles talados para producir biocombustible, construcción de carreteras fragmentando hábitats, gestión de accidentes y desastres naturales,…), pero no tiene en cuenta ni la justicia social ni los costes medioambientales, que son básicos para el buen vivir de la humanidad. Como dice el propio Carlos Taibo: "un bosque convertido en papel aumenta el PIB, mientras que ese bosque indemne, decisivo para garantizar la vida, no computa como riqueza". Además, debería incluir también esos intangibles que comentas (felicidad,etc...)