notas sobre la visión de internet de Genis Roca


La arqueología me da norte, relato, punto de vista, me da enfoque. Básicamente, con dos principios. Primero: una tecnología es relevante si modifica el sistema productivo o si modifica el sistema de transmisión de conocimiento. Y segundo: cuando una tecnología logra eso tiene consecuencias en los modelos sociales, culturales… Creo que cada carrera te estructura el cerebro de una manera. A un arqueólogo, para interpretar los hechos a partir de unos indicios. A un médico, para que haga un diagnóstico en función de unos síntomas. Y a un físico le entrenan para describir correctamente la pregunta. En informática un físico es eficaz porque describe muy bien la pregunta y hace un uso muy funcional.

El esquema mental es preguntarse por qué, no cómo. De la arqueología saco que lo que nos hace humanos es que usamos tecnología para conseguir resultados. Y de Eudald Carbonell en La evolución sin sentido, que somos animales sociales. Y lo que está pasando ahora en internet es que la tecnología te hace más social. Y esto es una pasada. Hasta ahora la tecnología tenía consecuencias sociales, pero no te hacía más social. La tecnología de la Revolución Industrial modifica el éxodo a las ciudades, vale, pero la manera de relacionarte con tu mujer sigue siendo la misma. Esta no, y esto es muy fuerte. La tecnología, que es lo que nos define como seres humanos, está modificando cómo nos socializamos, que es el otro aspecto que nos define como seres humanos. Esto va a ser la hostia.

Creo que un poco borregos lo hemos sido toda la vida y lo digital no lo agrava más de la cuenta. Si tengo que escoger qué tendencia define lo digital es a mejora, no a empeoramiento. Sí que sería falso decir que somos más libres, más inteligentes, más puros… No, seguimos siendo borreguitos, hay una élite que domina al resto, pero ahora hay más resquicios, nos podemos vertebrar. Desde proyectos como el vuestro a otros ejemplos que hubiese sido muy difícil que pasaran en otro contexto. Antes el control del espacio público estaba mucho más determinado, el control de la gestión de lo común era mucho más intervenido. Sigue estándolo, solo faltaría, pero veo más huecos. Otra cosa es que también estamos muy al principio, esto es muy tierno. Dale veinte años más, esto tiene carga de profundidad.

Con la capacidad del medio digital hay más gente activa, creativa, moviendo cosas. Y esta nueva élite tiene unos parámetros diferentes a la anterior. La anterior oligarquía, que nos ha conducido hasta donde estamos ahora, tenía control de conocimiento, del flujo económico y jerarquizaba por un poderío que se heredaba de padres a hijos al cual tú no tenías acceso. Ahora hay resquicios para romper eso. Hay gente muy capaz y muy potente que en otras épocas no hubiese tenido ninguna oportunidad.

Lo que sí es cierto es que esta tecnología disruptiva está por primera vez en manos de la población. Hasta ahora, las tecnologías disruptivas estaban en manos de una minoría y el resto veía cómo se modificaba su entorno laboral o económico. En este caso la tecnología disruptiva la tenemos cualquiera de nosotros en casa o en el bolsillo y eso es nuevo. No todo está a tu disposición pero la cantidad de gente que hoy puede ser creativa no tiene parangón en los últimos 200.000 años. Hay gente que nos regala su arte cada día y en otras épocas hubiese sido imposible. Hay una legión de animadores, de ilustradores, fotógrafos, escritores… que están dándonos su trabajo. 

Se redefine qué es propiedad, señales de identidad, qué es pertenecer, participar… y donde se definen estas cosas, afecta a otras. Defiendo que internet llega por capas y cada capa modifica el conjunto. Es como cocinar una lasaña. Hubo una primera capa, la de los ingenieros, que es cuando Tim Berners-Lee en el CERN inventó la World Wide Web y el http, heroicos y muy chulos, pero nadie se enteró de esto. Eran las infraestructuras. La siguiente capa es propiamente internet, cuando las empresas empiezan a actuar en internet, que yo la fijo desde el 94 que es donde los particulares pueden contratar acceso a internet, hasta 2005. Al principio los particulares llegaban a internet y se encontraban webs de empresas, porque solo quien tuviera dinero y un departamento de informática podía participar. Los costes siguen bajando, la tecnología se sigue simplificando y más o menos en 2005 la población tiene la capacidad, por costes y conocimientos, de personarse en la web y actuar: web 2.0, web social…

Cuando las empresas se personan en la red, la red se descubre como un espacio de oportunidades de negocio a través del e-commerce. Cuando son las personas las que llegan a internet, cambia el contexto y pasa a ser un espacio social, de conversación, y el principal afectado es el marketing y la comunicación y todas sus derivadas. La primera etapa de la internet de las empresas era una etapa de informáticos y esta es una etapa de marketing y comunicación. Cuando la gente empieza a interactuar, empieza a compartir, todo lo que son flujos de información quedan alterados, aparece la Wikipedia, los medios de comunicación palman, la distribución de contenidos se altera, la música fluye de otra manera, las industrias audiovisuales sufren mucho… 

Esto empezó en 2005 y estamos en 2014, ha necesitado diez años para empezar a asentarse. Un síntoma de que se asienta es que la conversación cada vez es más privada. Estamos dejando la tontería exhibicionista. 

Esta época es la de la digitalización, arranca en los ochenta y los noventa. Que la humanidad sea capaz de expresarse en todos sus sentidos con unos y ceros es acojonante, y esto arranca en los ochenta. Esto provoca que empiecen a pasar cosas: se habilitan espacios como internet, las empresas y las personas empiezan a tomar actividad, ahora son los objetos los que empiezan a ser activos.

Aún estoy fascinado asimilando que los objetos hagan cosas y no sé ver la siguiente etapa. Para mí ahora estamos alquilando las infraestructuras. Vale, ya tengo las empresas, vale, ya tengo las personas, ahora tengo los objetos, quizá lo siguiente sea repensarlo. Cuando ya tengo todas las piezas encima de la mesa, quizá toque reorganizarlo, plantearse otra manera de hacer las cosas. Otra manera de vivir, otra manera de tener familia, otra manera de defender el bien público… Pero yo ahí no sé llegar todavía. Lo que sí sé es que la mirada social que hay ahora es absolutamente parcial y efímera. Yo le deseo suerte a todo el mundo en todas sus facetas, pero si a mí me dices que cierra Facebook, me cuadra, porque es hija de un momento espacio-tiempo muy concreto. Lo que ha venido para quedarse es que las personas actúan en la red y tienen capacidad de actuación en la red. ¿Cuál es el modelo de esa actuación? Ya veremos. Pero ahora está inflamado.

La internet de las personas, y esta es una frase que uso mucho, ha dado mucho trabajo y poco dinero. Si no estás en Facebook, pareces tonto. No estar te desacredita. No estar te quita reputación. Pero estar no está demostrado que te haga vender más. Todo ayuda, pero hay maneras más eficaces de ayudarte. El retorno coste-beneficio es dudoso.

Pero ahora la internet de las cosas propicia el paso a servicios y eso sí es totalmente monetizable, creo.

Todo producto sometido a presión digital, muta a servicio». Es una ley universal. El producto libro sometido a presión digital muta a servicio. Cuando yo lea solo e-book no pretenderás venderme libros, ¿verdad? Pagaré una cuota al mes y leeré lo que quiera de tu editorial. Para mí, la internet de los servicios es muy monetizable de la mano de la tecnología y pone en su sitio a la internet social. 

La digitalización se sirve en dos platos. El primer plato es sustitución y siempre lo promueve la industria por sus objetivos de coste y eficiencia. Cuando el usuario lo tiene todo digital se replantea los usos y las condiciones. Cuando esto pasa, la industria le dice «eh, esto no funciona así.

Y cuando la batalla es legal significa que vamos por el buen camino. Nos tratan de ladrones. Bien, eso es la confirmación de que estamos cambiando las condiciones de uso y de que la industria lo lleva mal. El primer actor de la industria que sea capaz de recomponerlas, gana. El que no se adapta, pierde. Kodak, cierra. Flickr, Instagram, Picasa, nacen. Thomas Cook, TUI, han sido durante los últimos cincuenta años los operadores dominantes de turismo en las islas Baleares, desde la semana pasada, el operador dominante de turismo ha sido Booking. Yo quiero otras condiciones de uso y a quien me las ofrezca le daré mi dinero. Spotify te ofrece otras condiciones de uso. Vale, pues hablemos. Pero, ¿Spotify es rentable? Lo que pasa es que con esas nuevas condiciones de uso va parejo un nuevo marco legal y un nuevo modelo de negocio y a veces un nuevo modelo de ingresos. Así que está por ver si esos nuevos modelos de negocio dan de sí. Lo que está claro es que el modelo antiguo, con el marco legal antiguo y el modelo de negocio antiguo y el modelo de ingresos antiguo están muertos, pero muertos, muertos. 

Las empresas acceden a la red y la tiñen de sus valores: negocio, resultados… La gente accede a la red y la tiñe de sus valores, que son otros, son los que nos definen como grupo humano y comunidad. Hay cosas apasionantes. Hay más gente ayudando que nunca, hay más gente compartiendo que nunca y eso genera una nueva escala de valores. Hay una meritocracia que empieza a ordenar su espacio de relaciones sobre la base de otros criterios. En el fondo siempre hemos sido meritocráticos en nuestros entornos de confianza, pero esto ahora ha saltado un orden de magnitud.

Mi teoría es que los atributos que definen identidad y pertenencia se están modificando. Y ya tardan los sociólogos en personarse y tratar de definirlo. Creo que la pertenencia la define la participación. Esto antes estaba implícito, pero ahora es evidente. Soy de donde participo. Cada vez participo más en entornos online que físicos. Me cuesta reconocerme como actor participante y por tanto perteneciente de la ciudad donde duermo o de la ciudad donde voto…

Hay una disonancia entre la manera en la que nos organizamos hoy (o que nos organizan las instituciones) y las nuevas posibilidades que tenemos y nuestra voluntad de participar, porque todo está muy tierno. Lo digital empezó en los ochenta y estamos hablando de cambios sociales estructurales. No hay ninguna sociedad en el mundo que sea capaz de mutar en solo cincuenta o sesenta años. Y llevamos treinta, nos faltan treinta más. Esto no va de tecnología sino de transformación social estructural; incluso si la hiciéramos en sesenta años seríamos algo hiperveloz.

Llevamos veinte años de debate sobre cómo poner el PC en el aula y cuando lo resolvamos ya no habrá PC. El PC, en el fondo, es una herramienta asíncrona, consiste en saber dónde buscarías la información. La tecnología móvil, que lleva dos días, es mucho más bestia, porque significa el paso del asíncrono al síncrono. Es otro cambio de paradigma, es otro entrenamiento. Con la tecnología síncrona la clave es a quién se lo preguntas.

El momento actual es terriblemente inmaduro. No aguanta un análisis serio. La palabra participación se ha banalizado enormemente. Expresarse no es participar. Expresarse es aprovechar unos canales de comunicación y exposición pública que existen mientras que participar no es una posibilidad técnica sino un proceso. Yo veo muchos espacios de participación pero muy pocos procesos de participación. Los que deberían hacerlo no están organizando procesos de participación. Un like, un hashtag, un trending topic… no es participar. Tenemos más capacidad que nunca de organizarnos para influir. Pero tenemos que definir qué es influir.

El 15M fue un proceso de participación más serio que las tonterías que vemos diariamente. Ahora, con la tecnología disponible, los que tenemos inquietudes deberíamos focalizarnos más en organizar procesos de participación para influir y modificar la realidad que en procesos de expresión pública de nuestra opinión, que ya no es suficiente. Por otra parte también me lo perdono porque es muy tierno todavía, esto nació casi ayer. No me flagelo. La gente decía «a ver cómo se organizan los del 15M, qué propuestas hacen». Bueno, dales un poco de tregua, que llevan quince días y tú tienes un sistema de cien años, no les exijas que te den la alternativa. Pero hay que empezar a montar procesos.

La participación puede estar descentralizada, pero el diseño del proceso, no. Alguien lo decide, pero ese alguien ahora puede ser de la plebe. El populus puede diseñar un proceso de participación, y esto es nuevo.

¿Cualquiera puede hacerlo? Bueno, los capaces. Siempre está quien tiene la inquietud, la capacidad, la necesidad, la inteligencia o el pulso vital. Alguna razón tendrá. Y entre estos los habrá que tienen objetivos de visibilidad porque son unos ególatras, otros que serán de una nobleza extrema y lo hacen por el bien del conjunto, otros que lo harán por rivalidad con otros, para demostrar que ellos pueden más, o por obsesiones personales.

Empezamos diciendo que lo digital va a transformar todo y creo que ese lenguaje no fue comprendido por la mayoría de la gente, era demasiado etéreo. De las empresas que nos dedicamos a dar un servicio se espera que tengamos un portfolio de problema-solución o de propuestas para productos. Nosotros nacimos sin ese portfolio. Decíamos «viene lo digital que lo transformará todo, ¿en qué quiere que le ayude?». Entonces decían que qué interesante, éramos muy atractivos pero no sabían para qué en concreto. Por suerte para nosotros, explotó el social media y nos empezaron a llamar para ayudarles a ordenar la parte de comunicación. Estamos muy agradecidos, pero no va de esto: las competencias profesionales de tus equipos tienen que ser otras, tu manera de organizarte, puede que cambie tu modelo de negocio, que tu producto se convierta en servicio…

Esta conversación de momento solo la mereces cuando el otro ya tiene unos síntomas graves de que el negocio ha caído o aparecen competidores que no esperaba. El otro día estaba con un cliente de banca y me decía «vale, nos hemos dado cuenta de que nuestra competencia es software, no otro banco» o «vamos a otro país nuevo y entiendo que esto no va de comprar doscientas nuevas oficinas». Estas conversaciones son superexcitantes y las que esperábamos desde el primer día, pero nos encontramos en ellas ahora, cinco años después. Y es mejor, porque estamos más maduros y preparados, nosotros y el contexto.

Lo digital sacude tu actividad, sea cual sea. Internet no va de marketing, va de ingeniería de procesos, no hay ningún proceso en tu organización, te dediques a lo que te dediques, que no sea susceptible de ser revisado a los ojos de lo digital. En algunos casos esto es tan bestia que te transforma el negocio. 

A lo digital todavía le quedan veinte años más de proceso. Esto es un proceso deno finito, estamos todavía en construcción, hay mucho que aprender y mucho que descubrir. Nuestra empresa es más de investigación que de producción. Tenemos que estar muy atentos.

Cuando gestionas un equipo de talento, las reglas son otras. Es más importante que se sientan valorados, que noten que crecen. Son superexigentes entre ellos. Cuando una persona ha dejado de trabajar con nosotros, en el 99% de los casos ha sido porque el equipo no le ha respetado. Cuando el equipo no le ha respetado, yo por muy jefe que sea no le puedo salvar. ¿Y por qué no te respeta el equipo? Por mil factores: por lo que aportas, por el respeto al otro, por la disponibilidad, por lo que aprenden o no contigo, si estás siempre colgado y nunca contestas…

En mi opinión esto del Big Data era un asunto de letras más que de ciencias. Que esto no va de datos, sino de preguntas. El mérito es de quien sabe hacer la pregunta correcta, más que de aquel otro que procesa datos para obtener una respuesta. El Big Data va a conllevar la necesidad de manejar grandes volúmenes de información. Son los nuevos libros. Harán falta bibliotecarios de datos, que conozcan de qué información disponemos. 

En esto de internet y del social media hay bastantes charlatanes. Como los hay en fútbol o en política. Se les reconoce porque en su mayoría están orientados a la creación de una marca personal, y normalmente el modelo de negocio son ellos mismos: sus conferencias, sus libros y las horas de su tiempo que te dediquen. Se quieren mucho. Hay tantos como en todo aquello que merezca el interés de la audiencia. No me quitan el sueño, ni un minuto. Son parte del paisaje, y sencillamente intentas que no te confundan con uno de ellos.

Extractos de una entrevista de Publicado por Inma Garrido, Ángel L. Fernández Recuero y Carles A. Foguet para JotDow





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