culturas regenerativas pre-industriales


Así como tenemos muchos ejemplos de grandes civilizaciones que desaparecieron súbitamente por el mal manejo de sus suelos y otros recursos claves, también existen ejemplos en todos los continentes, donde las comunidades humanas establecieron éticas, prácticas y comportamientos, que lograron no solo mantener, sino aumentar la riqueza biológica y mineral de los ecosistemas. De esta manera podían asegurar su permanencia en la tierra por milenios.

Estas culturas pre-industriales sostenibles, muchas veces son ignoradas por nuestros historiadores, pues raramente llegan a erigirse como imperios, y muy pocas veces deciden gastar su energía para construir obras de prestigio como monumentos, templos o pirámides. Más bien, estas culturas nos heredan grandes tradiciones espirituales, música, arte, cuentos e historias, y principios éticos, donde se habla de simplicidad, disciplina, austeridad y humildad. Su legado son suelos fértiles, bosques sanos y ecosistemas bien cuidados, todas características mucho menos obvias para una cultura obsesionada por lo grande y extravagante como la nuestra.

En todo el mundo donde hubo culturas milenarias, hay ejemplos que nos cuentan esta historia: podemos mencionar los arrozales en terrazas que los chinos construyeron y mantuvieron durante miles de años y más importante aún, la costumbre de recolectar y reciclar todo el estiércol humano. Estas prácticas sostenibles seguramente fueron establecidas a partir de experiencias dolorosas. Para sostener una alta densidad de población se necesita reciclar TODOS los nutrientes, evitando fugas y desperdicio, asegurando así la productividad de las tierras a largo plazo. Estas y otras prácticas contribuyeron a que la agricultura fuera un emprendimiento relativamente sostenible a través de los milenios, algo que pocas civilizaciones complejas resolvieron con tanta elegancia como los agricultores de China, Corea y Japón.

Una forma bastante sofisticada de agricultura permanente se ha podido observar en las alturas de Nueva Guinea, donde la gente renovó la fertilidad natural con la quema selectiva del bosque para hacer huertos, los cuales a su vez, imitaron la estructura de la selva e integraron árboles llamados “madres del bosque” (especies pioneras, que proveían la semilla para regresar del huerto a la selva una vez que se había agotado su fertilidad). Estudios ecológicos detallados de estos huertos antes de la modernización demuestran, que era la forma de agricultura más eficiente al nivel energético que se ha estudiado hasta el momento. Hasta hace muy poco, estos huertos, en conjunto con las selvas que los rodeaban, proveían la totalidad de las necesidades para una de las zonas rurales más densamente pobladas en el mundo.

También en las Américas, diversas culturas indígenas habían avanzado significativamente en el desarrollo de sistemas sostenibles para la producción de alimentos. Uno de los ejemplos, quizás, más espectaculares de una agricultura regenerativa practicada por antiguas culturas indígenas, fue recientemente puesto en evidencia a través de los depósitos de terra preta en el Amazonas: los suelos ricos en materia orgánica, carbón y nutrientes, de varios metros de profundidad, en amplias zonas de la selva amazónica (con suelos naturalmente delgados y poco fértiles) fueron literalmente creados (“cultivados”), por las sociedades densamente pobladas que vivieron allí durante más de tres milenios. Esta civilización sucumbió súbitamente ante la llegada de nuevas enfermedades traídas por los europeos, mucho antes de haber sido “descubierta” o “conquistada” por estos.

Energía, agricultura y sociedad, TierrAmor




No hay comentarios: