la imperiosa necesidad de reciclar el Estado




El Estado en España representa el 50 % del PIB y se sigue financiando emitiendo deuda sin parar. Las condiciones favorables del precio de la deuda tras la incensantes expansiones monetarias parece que nos están haciendo olvidar la insostenibilidad financiera del mismo. Cualquier tensión del mercado hará volver los peores augurios a la economía, y no dudamos, es una cuestión de tiempo, y no mucho, que vuelvan de nuevo.

Pero no solo existe un problema de financiación, el propio Estado está actuando de freno a la innovación, en un momento en el que evolucionar hacia otro sistema productivo se convierte en la única alternativa al desastre. No solo es una cuestión de burocracia e ineficacia, que actua de freno a la evolución, si no, que el propio Estado ha alentado la expansión de un capitalismo de Estado.

La escasez de recursos naturales, los efectos del deterioro medioambiental, la sobre-población, el incremento de las tensiones geopolíticas, son algunas de las facetas más visibles del agotamiento de un modelo que ha llevado a nuestro habitat a una situación de extrema fragilidad. Los problemas son muchos, interelacionados y de una gran complejidad. 

Tenemos la imperiosa necesidad de reciclar el Estado para poder desarrolar estrategias adaptativas al nuevo entorno lo antes posible. Sabiendo la gran dificultad de acometer esta tarea, entre otras cosas, porque la mitad de la economía vive de este capitalismo de Estado, no podemos dejar de compartir nuestra opinión al respecto, que podemos resumir en las siguientes propuestas:
  • Lo primero es terminar lo antes posible con la sangría del deficit. Equilibrar las cuentas cuanto antes ahorrará problemas posteriores. Cuanto mayor sea el importe de la deuda, en el momento que toque reestructurarla, mayores consecuencias negativas tendrá para todos. Para poder reestructurar desde el nivel actual debería ser posible mutualizar servicios y colectivizar activos del Estado.
  • El Estado debe de descentralizarse al máximo nivel, bajando buena parte de la gestión a un nivel local para ser efectivos en el proceso de adaptación al nuevo entorno medioambiental postindustrialista. Cada organización local debe de ser autofinanciada por la comunidad que la compone. Los representates de la comunidad no deberían cobrar por su trabajo. La asamblea debería convertirse en la forma habitual de toma de decisiones y control.
  • Al mismo tiempo, se debe de simplificar al máximo la burocracia y las regulaciones (solo recordar que en España existen más de 12.000 normas medioambientales distintas). Buena parte de la normativa existente favorece el capitalismo de Estado, transfiriendo directamente dinero de los contribuyentes (subvenciones, rescates, obra públicas, sobrecostes de las mismas,...) o creando privilegios regulatorios dirigidos a limitar la competencia y crear oligopolios sectoriales.
Una vez hecho el comentario, no puedo terminar comentando que mi visión es negativa al respecto. Creo que el Estado ha entrado en un proceso de descomposición que le llevará a la situación de Estado fallido. La comunidad se convierte en la fórmula organizativa más eficiente en la nueva fase de proceso de colapso del sistema en la que hemos entrado.




2 comentarios:

Pirata de mar y cielo dijo...

Genial, Jorge. Pero... ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿quién da el primer paso y provoca el cambio necesario? Seguiremos diciendo que vamos bien mientras por el enorme agujero se nos va el dinero y la vida...

----- jorge juan ---- dijo...

Como bien sabes, algunos llevamos muchos, muchos años hablando de lo mismo. No como provocar el cambio masivo. El cambio indiviual y de nuestra comunidad cercana hace tiempo que se produjo. El resto de nuestra vida vamos a estar en transición, y probablemente, en un escenario de descomposición. Siento si transmito pesimismo, aunque también sabes, que estamos llenos de optimismo y vida. Abrazos