cuando el ser humano dejó de ser orgánico: "trastorno por déficit de naturaleza"


El término de "Trastorno por Déficit de Naturaleza" fue acuñado por el periodista y escritor Richard Louv en el año 2005, en su libro "El último niño de los bosques''. Lo que parecía un manual en favor de la naturaleza sin más, dio lugar a todo un movimiento seguido por educadores y padres que buscan restablecer el vínculo entre los humanos y la naturaleza, y muy especialmente entre los niños y la naturaleza.

En 2008, por primera vez en la historia, había más gente viviendo en las ciudades que en el campo, aunque no es un problema exclusivo de los urbanitas. Este déficit se da tanto en los pueblos como en las ciudades. El problema es que no han tenido tiempo para adaptarse a las sobrecargantes condiciones de una vida artificial sin contacto con la naturaleza.

El entomólogo estadounidense de la Universidad de Harvard, Edward O. Wilson, planteó en los años 80 la hipótesis de la "biofilia". Según ésta, los humanos evolucionaron como seres totalmente insertados en la naturaleza, y como tal, todavía tenemos inscrita en nuestro genotipo esa afinidad con el medio natural. La hipótesis fue posteriormente retomada por investigadores médicos y psicólogos para ensalzar el contacto con el campo como terapia.

Los síntomas del TDN aún no están sistematizados, pero se relaciona con la aparición de síntomas de ansiedad y estrés y, sobre todo, fatiga atencional. El TDN se ha asociado con cuatro grandes patologías que, aunque no se localizan todas en niños, sí tienen una especial incidencia en la población infantil: la obesidad, las enfermedades respiratorias, el trastorno por déficit de atención y la hipovitaminosis D.

El contacto directo con la naturaleza es, por tanto, un recurso preventivo que puede mejorar no sólo nuestro funcionamiento psíquico, sino nuestra salud física, en la medida en que ayuda a recuperarnos del estrés a que estamos sometidos en mucho menos tiempo que otras actividades.




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