trabajo y economía colaborativa


Millones de personas se han visto condicionadas por una nueva economía que se ha afianzado en Estados Unidos, con 53 millones de trabajadores que de la noche a la mañana se han hecho autónomos para prestar servicios las 24 horas del día. No tienen jefes. Pero no tienen tampoco ninguna seguridad. Son responsables de ellos mismos, y, como ha descrito el semanario The Economist, el riesgo ha pasado de las empresas a los trabajadores, "y eso tiene consecuencias para todo el mundo".

La idea que sugiere The Economist es que la relación laboral ha cambiado por completo. De la división de Marx entre los propietarios de los medios de producción y la fuerza laboral, se ha pasado a la división entre las personas que tienen dinero, pero carecen de tiempo, y los que tienen tiempo, pero están sin un duro. La nueva economía, o la llamada economía colaborativa trata de que estén en contacto.

A pesar de las protestas de los colectivos de taxistas, legítimas, sobre el pago de impuestos –ellos han pagado una licencia de taxi--, al margen del cambio drástico en las relaciones laborales, y del problema que supone para todos los gobiernos del mundo en sus intentos por mantener las estructuras del estado de bienestar, los expertos consultados aseguran que serán muy complicado parar un fenómeno global.

Muchos trabajadores aceptan esa realidad más por necesidad que por virtud, y este proceso ha dejado en calzoncillos a un estado de bienestar tradicional inerte, con pocas respuestas, insolvente para resolver situaciones nuevas, de trabajadores líquidos en el mercado laboral, y más frágiles desde el punto de vista social

The Economist ofrece alguna salida, al asegurar que, al contrario que en Estados Unidos, donde se ha buscado una fiscalidad más acorde para esos nuevos trabajadores, en Europa "los sistemas fiscales tratan a los autónomos como ciudadanos de segunda clase". Valentí Pich cree que el Gobierno español, en concreto, debería ahondar en ese terreno.

El fenómeno se puede abordar desde una óptica optimista, al considerar que los avances tecnológicos brindan siempre nuevas oportunidades.

Pero otros economistas apuntan una realidad diferente. El catedrático de Estructura Económica, Santiago Niño Becerra, incide en que todo ha cambiado porque "cada vez se precisa menos factor trabajo, y porque el trabajo que se necesita se le remunera cada vez con menores salarios".

The Economist concluye su análisis con una idea sugerente: que los ciudadanos se puedan crear su propia marca, como una compañía ambulante. ¿Pero podrán hacerlo todos?





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