reflexiones previas a la Cumbre del Clima de París





Los retos ambientales son de tal envergadura que ponen en entredicho la supervivencia de la especie humana.

James Lovelock, científico.

La renombrada Cumbre del Clima de Paris 2015 parece ser el último intento de frenar la destrucción de nuestro habitat. Hace tiempo que nos dimos cuenta que los problemas no se podrían arreglar "desde arriba", pero seguiremos con suma atención el evento. Exponemos algunas reflexiones para dar contexto al momento.

Consecuencias del modelo de crecimiento

Los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) de los que proviene la energía que ha soportado el modelo de crecimiento, son los principales causantes de las emisiones de CO2. Las consecuencias del aumento de las temperaturas por la concentración atmosférica de los gases de efecto invernadero, entre los que se encuentra el CO2, son ya bien conocidas: aumento del deshielo permafrost (inundaciones, migraciones), aumento del nivel del mar, las corrientes oceánicas, el incremento de los desastres naturales (fenómenos atmosféricos más frecuentes y más fuertes), el aumento de las enfermedades tropicales, la pérdida de biodiversidad (de especies y ecosistemas), la disminución de la producción agrícola y el aumento de los cambios en los regímenes hídricos (sequías). El cambio climático es la parte más visible del desajuste ecológico provocado por el modelo occidental basado en el crecimiento, aunque no es el único. La clave del cambio será descubrir y probar nuevos modelos. En eso estamos, y no somos pocos

Hemos sobrepasado los límites de la biosfera

La actual situación de crisis acusa los límites del crecimiento, que responden a una crisis económica-monetaria y energética. Para dar respuesta a tal situación, el escenario demanda un cambio en el modelo de desarrollo de las sociedades, con nuevos modelos de producción y consumo. La alternativa es el caos, aunque parece que ya estamos ahí. El objetivo de cualquier modelo de desarrollo sostenible es que no supere la capacidad de carga del ecosistema (huella ecológica). No podemos seguir consumiendo más recursos de los que la naturaleza es capaz de renovar y convertirlos tras su proceso en contaminación, que tampoco es capaz de absorber (ver nuestra opinión en un vídeo)

Es la cumbre de los países ricos 

Tewolde Berhan G. Egziabher, profesor de la universidad Addis Ababa de Etiopía, diferencia dos tipos de pueblos que coexisten en el mundo. Los pueblos ecosistema, que viven de los recursos de su entorno. Y los pueblos biosfera, que necesitan los recursos de todo el planeta para poder desarrollarse. Al acaparar los pueblos biosfera cada vez más recursos, los pueblos ecosistema cada vez disponen de menos recursos en su entorno. Situados en los ejes Norte-Sur, la desigualdad se perpetua con el devenir de la crisis ambiental.

Los países en vías de desarrollo quieren su parte

En general, “la demanda mundial de energía crecerá cerca de un tercio entre 2013 y 2040” en el escenario central del WEO-2015, “con el crecimiento neto impulsado en su totalidad por los países en desarrollo“. Nadie quiere perderse la gran fiesta de la sociedad de consumo. Los países ricos no pueden evitar que otros les quieran seguir. 

El destrozo de la biosfera no está en la agenda pública

"El cambio climático es hoy por hoy un problema económico y político, pero los gobiernos y las empresas no darán el giro necesario hasta que no exista la presión social". El problema no es la negación del cambio climático, es la resistencia psicológica que ha echado raíces en gran parte de la población y que obedece a causas complejas, muy relacionadas con nuestra propia condición de humanos. Nuestros cerebros están programados para responder a amenazas concretas, visibles y urgentes. Somos capaces de vislumbrar el futuro, pero no reaccionamos hasta que tenemos el peligro delante. Y por eso una amenaza abstracta, invisible y hasta cierto punto lejana como el cambio climático no provoca una acción colectiva. Hace tiempo reflexionábamos sobre el tema, para intentar comprender porque somos una minoría los que queremos entender el problema, y además, dentro de esa minoría, somos todavía menos los que nos arriesgamos a intentar buscar soluciones.




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