cooperación o colapso


No basta con decir que hay que poner un límite a la explotación sino que será más útil comprender que en realidad la verdadera riqueza es otra cosa, algo distinto de este crecimiento que, como explica Herman Daly, paradójicamente resulta antieconómico. Aunque internalizáramos todos los costes, aunque pudiéramos tener en cuenta (y no degradar) incluso todo el valor complejo y no mesurable en términos monetarios del capital natural, aunque pudiéramos definir con precisión qué es lo que no debemos tocar y hasta donde cabe hacerlo sin peligro, ¿acaso no indica este mismo peligro que la verdadera riqueza consistiría en estar lejos del mismo, al igual que los ahorros aportan seguridad? En términos ecológicos, los términos que deben prevalecer por encima del transumo económico, (extracción, producción, consumo y vertido), el verdadero lujo consiste en disfrutar de una naturaleza próspera, y la verdadera riqueza consiste en estar lo más alejados que sea posible de cualquier riesgo de colapso ecológico manteniendo a la vez la satisfacción de las necesidades humanas.

[...] Por tanto ya tenemos una doble definición de lo que en adelante necesitamos empezar a considerar como la ambición humana más valiosa. Por un lado, la ampliación del capital ecológico y de su riqueza como marco que condiciona todo lo demás. Por el otro, en cuanto a la riqueza personal (o interior, o psicológica), además de lo anterior, que ya es de por sí un bien para nuestra vida emocional, habrá que relajar la tensión materialista, tanto en la pobreza como en la carrera por el enriquecimiento, priorizando la seguridad material colectiva, y apostar por la confianza en las personas y por su autonomía, su motivación y su creatividad, tolerando y valorando la diversidad. 

[...] Por otro lado, la competencia por el crecimiento lleva a que cualquier mejora tecnológica sólo redunde en una mayor explotación del capital natural, rebasando entre todos la biocapacidad del planeta. Incluso aunque la mejora suponga un menor consumo de recursos por unidad producida, ese ahorro se utilizará para intentar producir más unidades (de lo que sea) y superar con ello a los rivales. En un marco de competencia global no hay ahorro de capital natural que sea posible, no cabe buscar esa verdadera riqueza que hemos definido como lo contrario del riesgo de colapso ecológico, y ni siquiera es posible definir una escala óptima para la explotación económica. 

[...] Quizá la triple tarea que nos planteaba Ricardo Almenar, (reducir la desigualdad, minorando a la vez las transacciones económicas, mientras restauramos el capital ecológico), contenga una clave de la solución: que esa regeneración de los ecosistemas sea la actividad remunerada con la que se redistribuya parte de la riqueza (en sustitución de los empleos insostenibles). Pero el competitivo mercado no pagará por ello ni llevará a cabo esa redistribución, porque sólo puede valorar económicamente lo que es escaso, lo que alumbra un precio en el encuentro de los intereses privados. Así el marco común que nos regala la biosfera junto con la propia vida, y sin el cual ni esta ni la sociedad tendrán cabida, se aprovecha sin pagar precio por ello, y se degrada impunemente, como si fuera ilimitado. Este marco sólo puede ser defendido comúnmente

[...] Si bien la gobernanza global es una quimera peligrosa (como la geoingeniería) que además resultaría difícilmente controlable, también debemos tener en cuenta que las comunidades aisladas y pequeñas son vulnerables frente a quienes no apuestan por esta vía. [...] Por ello creo que la única forma de hacer frente a los poderes globales (en un primer momento) y a las comunidades agresivas (posteriormente) será establecer unos mínimos acuerdos políticos transnacionales que permitan limitar la competencia global entre las comunidades locales que prioricen la sostenibilidad. Yendo más lejos, cabría desear que esos acuerdos permitan supeditar cualquier comercio a una cooperación de ámbito mayor, como una cooperación legal en los mismos fines ambientales, laborales y fiscales de modo que se evite el dumping y la externalización de costes, y se trabaje conjuntamente en la restauración ecológica, o incluso en la resistencia común no imperialista frente a las agresiones crecentistas. [,,,] El ideal (utópico) de esta cooperación política descentralizada sería una federación o coordinación reticular mundial para algunos asuntos.

[...] Hay que tener en cuenta que esperar al derrumbe globalizado para cambiar las cosas puede hacer más difícil la transición hacia la sostenibilidad, como ya empieza a manifestarse en el presente mediante la intensificación y el recrudecimiento de los conflictos competitivos en pos de los recursos en declive. [...] Se verá la guerra, cada guerra, como un problema aislado del proceso ecológico general que subyace en todas. Y el gran obstáculo de las comunidades autosuficientes será esta pugna internacional que impida su autonomía. La única esperanza es la posibilidad de una cooperación política transnacional para defender comúnmente la autonomía y la sostenibilidad.[...] Es una aspiración plausible que la organización política territorial se amolde a un mapa-sistema de ecorregiones terrestres relativamente autónomas pero vinculadas.

Fragmentos del post Cooperación o colapso II




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