sobre las burbujas financieras


Al seguir las finanzas desde el siglo XVII holandés, los trances de liquidez súbitamente evaporada son eventos dramáticos, recurrentes y tan impredecibles como qué día u hora empezará la confianza a mermar. Ver en ellos catástrofes debidas a un puñado de especuladores, donde el resto observó la más inocente de las conductas, equivale a pasar por alto la desmedida preferencia humana por el corto plazo. Todos y cada uno de los activos tienden a sobrevalorarse, y cuando una fase de exuberancia (excitación) los eleva hasta el punto de dificultar su compraventa, el tráfico solo puede acabar frenándose, para que un reajuste en los precios permita reanudar los intercambios.

Antonio Escohotado. Los enemigos del comercio II


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