sobre la reputación


Como cualquier otro activo intangible, la buena reputación se adquiere a lo largo del tiempo y requiere inversión, puede aportar valor de forma continuada, no puede ser comprada ni vendida y se puede depreciar rápidamente. Usted tendrá buena reputación  si históricamente de ha comportado de forma cooperativa y confiable, y tendrá mala reputación si se ha comportado de manera egoísta y decepcionante. La reputación está a la vista del espectador, son los demás quienes deciden si tiene o no buena reputación. ¿Cómo lo hacen? En parte, la reputación se confiere por asociación. Las personas que van a una universidad o trabajan en una compañía que supuestamente tienen buena reputación, se benefician por asociación, que indica a los demás que tendrán una buena reputación salvo que se demuestre lo contrario. [...] Aunque en la fase inicial estas asociaciones son importantes, la reputación, posteriormente, se confiere a través de las conductas que los demás pueden ver y comprobar. Las intenciones y los principios enunciados generan una expectativa, pero son las acciones las que fundamentalmente cimientan una reputación.

La importancia de esa estructura social en la creación y diseminación de la reputación significa que la reputación no es un activo que poseamos. En cambio, está creada por el conjunto de creencias, percepciones y evaluaciones que una comunidad forma en torno a nosotros. La consecuencia inevitable es que aunque una buena reputación es un valiosos activo intangible, también es un activo complejo. Mientras que es un producto de nuestra historia de comportamiento y tiene un importante impacto en nuestra capacidad de ser productivo, nunca está totalmente bajo nuestro control.  

Fragmentos del libro La Vida de 100 años. Lynda Gratton y Andrew Scott




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